domingo, 28 de octubre de 2012

¿Cómo defino “ser profesional”?



En estos días hablaba con una amiga sobre lo que significa “ser profesional”.  Muchos piensan que ser profesional se refiere únicamente a los que han estudiado algo y, sobre todo, si es un estudio que conlleva mucho tiempo como un médico o un abogado.  Sin embargo, el diccionario Espasa-Calpe explica que un profesional es aquel:

Que ejerce una profesión o actividad como medio de vida.

Por lo tanto, una persona que se dedique a su profesión, independientemente de si es una profesión que conlleva muchos años de estudios o un oficio, es un profesional.  No es menos profesional el relojero, que el sastre o el maestro.  Todos son profesionales en su campo. 

Para mí, un profesional es el que haga algo productivo para ganarse la vida, lo haga con dedicación y lo haga bien.  ¿Cómo lo defines tú?

domingo, 14 de octubre de 2012

Doce mujeres...



Un viernes por la mañana, día de fiesta para unos y día de trabajo para otros, nos encontramos doce mujeres para compartir un café.  En las múltiples conversaciones salieron a relucir dos temas interesantes: cómo surgen las oportunidades de negocios y la antigua práctica del trueque, que ahora, ha revivido. 

Las oportunidades de negocios surgen, en muchas ocasiones, porque hay alguien que nos abre las puertas o nos conoce “por casualidad” y resulta que necesita justo el producto o servicio que ofrecemos.  El trueque, por su lado, es el intercambio de bienes o servicios sin que medie dinero, pero respetando el valor del trabajo de cada uno.

Ambos ejemplos validan el esfuerzo del Networking coffee, que se trató, precisamente, de establecer relaciones de negocios que nos permitan crecer como individuos y como colectivo: las empresarias.

Las estrategias de Guerrilla networking, según los autores Levinson y Mann, dictan que debemos convertirnos en la persona que los demás quieren conocer.  Y en el Networking coffee, no solo fuimos a conocer personas nuevas sino que se dio una dinámica de colaboración.  Si nadie sabe lo que necesitas, no te lo podrá ofrecer.  ¡Atrévete a acompañarnos en el próximo Networking coffee, quizás aquí encuentras lo que tanto andas buscando!

viernes, 7 de diciembre de 2012
10:30 a.m. – 12:00 p.m.
Starbucks Plaza Escorial, Carolina

lunes, 8 de octubre de 2012

Un batallón de guerrilleros del networking




El sábado, 29 de septiembre, dicté la conferencia Guerrilla networking gracias al auspicio de Asopymes y la Universidad Metropolitana.  El propósito era responder a la inquietud de muchos empresarios sobre cómo sacar provecho de las actividades sociales de negocios.

Me encantó cambiar el concepto de networking que tenía el público; no hay nada como ver el brillo en los ojos de los participantes cuando ven que las ideas, aunque sencillas, son innovadoras y les ayudarán a crear oportunidades para ellos y sus negocios.  Además, confirmé que al público le interesan los temas divertidos.

En la conferencia, coordinada por Tere Montes, los participantes aprendieron a usar estrategias creativas para permanecer en la mente de los demás.  La lección más importante fue que la clave del networking es atreverse a pensar y actuar de manera diferente.  

Para darles seguimiento a los participantes, Tere Montes y yo estaremos en Starbucks de Plaza Escorial el viernes, 12 de octubre, pues queremos saber cómo van las estrategias guerrilleras que aprendieron en la conferencia. Los que no participaron en la conferencia pueden asistir también y aprovechar la oportunidad para darse a conocer.


domingo, 23 de septiembre de 2012

El tercer check-in del año


Ayer comenzó oficialmente el otoño, ya quedan apenas tres meses para terminar el año.  Este momento es rico porque comenzamos a ver el fruto de los esfuerzos de este año y empezamos a ver los proyectos que se pueden lograr en el año 2013.  Yo aprovecho esta época para darle rienda suelta a la imaginación y ver qué quiero lograr el próximo año sin poner limitaciones ni peros.  Más adelante, en diciembre, cuando me toque realmente trazar el plan, puedo darles prioridad a algunas ideas y dejar otras para otro momento.  Pero ahora, la tarea es soñar, visualizar e inventar.

Estas son algunas de mis ideas:
  • Establecer cuál será el enfoque principal del próximo año.
  • Evaluar los logros de este año y ver cómo los puedo mejorar.
  • Felicitarme por el camino recorrido y prepararme para el que falta.
  • Hacerme la pregunta clásica: ¿Si no tuvieras limitación alguna en la vida, qué harías con tu tiempo?  Esa pregunta siempre me ha servido de norte para tomar decisiones.
Por lo tanto, mi tarea —y la de ustedes si se animan— es mirar este año desde otra perspectiva: salir al parque, tomar un almuerzo de tres horas a mitad de semana, ir a un sitio que nunca he ido o ver una película que está “pendiente” desde hace tiempo.  Son detalles sencillos, pero permiten cambiar el panorama de manera que pueda uno obtener resultados diferentes.  Yo lo he hecho y he visto cómo mi marco mental se nutre y se expande.  ¡Anímense!

Cuéntame qué harás para cambiar tu perspectiva y visualizar el año 2013.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Fangorrific adventure: una aventura, tres amigas y muchas emociones



Recientemente, fui a una aventura de safari en Yauco y lo menos que esperaba era encontrar allí una lección pues fui en ánimo de pasar un día divertido con mis amigas.  Cuando llegamos, hicimos el registro, firmamos los papeles y escuchamos la charla de seguridad.  Ahí fue que nos percatamos que la aventura era más atrevida de lo que pensamos.  No estoy segura de cómo ocurrió, pero terminé detrás del manubrio, sentada sobre el motor y al lado de una palanca de cambios que no sabía operar.  Tan... tan... tan… Todos los que me conocen saben que conducir no es mi pasatiempo favorito y que mi licencia, en ocasiones, he pensado que vino en una cajita de cereal.  Pero allí estaba, sentada en aquel aparato y esperando para arrancar.

El “paseo” por la finca comenzó de lo más chévere. Vamos bien, concéntrate y pon tu cara de valiente.  Pasamos por tierra seca, unos troncos y algunas piedras.  Luego se puso más interesante con lodo, precipicios (que si no eran hondos, sí lo parecían) y comenzaron las curvas.  Las primeras las pasé despacio y sin problemas, pero llegamos a un camino enfangado en el que por más que traté no pude pasar y encajé el carrito.  Luego de cuatro intentos dando para atrás y para adelante, el líder decidió auxiliarme, me bajé y él desencajó el vehículo.  Uuuffff… ¡qué alivio! Pero lo mejor estaba por venir.  


Por suerte, a mi lado iba una de mis amigas, quien asumió el rol de copilota y cuando dudé, su voz me guió: “Tú puedes, lo estás haciendo muy bien, dale…” En el asiento de atrás, iba la otra amiga, a quien le delegamos la tarea de tomar fotos y velábamos para asegurarnos de no haberla perdido en alguno de los brincos.
 
Hubo como cinco retos en los que tuve que parar y pensar para luego ejecutar.  Sin embargo, hubo uno en particular en el que casi entré en pánico.  Y hago la salvedad de que la aventura era segura y súper divertida, pero yo estaba lejísimo de mi zona de comodidad, por lo que mi cuerpo se congeló por algunos segundos.  Ese “reto” fue bajar por un escalón de piedras que para nosotras parecía una escalera entera y largaaaaaa para caer a un río llanito que debíamos cruzar.  Estábamos en el tope de la escalera, ya el líder había cruzado en su carrito y me hacía señas de que lanzara el nuestro.  Sentí pánico, se me saltaron las lágrimas y no podía hacerlo.  Era como estar en el borde de un risco y que alguien te diga: “¡Tírate!”.  Todos los instintos de supervivencia se activaron y no encontraba cómo soltar el freno… literalmente.  No sé cuantos segundos duró esa escena, pero para mí fue una eternidad.  Mi copilota notó que yo estaba paralizada y decidió ayudarme a controlar el manubrio desde su asiento.  Me dijo: “Calma, tú puedes, acelera que vamos bien…” Entre nervios y sudor, respiré, nos encomendé a los ángeles y aceleré.  Increíblemente, no cerré los ojos y la bajada fue súper suave, pero mi corazón latía a mil.  Continué acelerando para terminar de cruzar el río y cuando vi que lo había logrado, solté una carcajada de alivio.  Y nuevamente la voz de mi copilota: “El que te diga que tú no puedes hacer algo, está loco… dile que venga aquí y haga esto”. 

En algún momento, paramos en una charca del río y algunos se dieron un chapuzón; yo opté por mirar desde afuera y me enfoqué en controlar mis piernas, que continuaban temblorosas.  Ya me sentía más cómoda en la aventura, pero sabía que faltaban “retos”.  Curiosamente, en uno de los ríos, me tocó guiar sobre peñones que resbalaban y el agua entró al carrito.  Para mi sorpresa, eso sí me lo disfruté porque pensé: Esta fue la aventura que vine a buscar y las medias mojadas serán evidencia de que lo logramos.



Continuamos el paseo y sentí una gran alegría cuando llegamos a la carretera que nos regresaría al lugar de partida.  Ahora que lo pienso, en el camino nunca solté la tensión, pero con los aplausos y las risas de mis amigas, supe celebrar los logros cada vez que me enfrentaba a una curva, un lodazal, un río, un reguero de piedras o cualquier otra “aventura”… y la superaba.

De hecho, una de las grandes lecciones de esa aventura es saber que tengo amigas que creen plenamente en mí.  En aquel carrito no hubo gritos ni preocupaciones (salvo los que se producían en mi mente), solo hubo apoyo y confianza.  ¡Y eso vale oro!  No fue hasta que regresamos y comenzamos a celebrar que habíamos “sobrevivido”, que compartimos los cuentos desde otra perspectiva: las ramas que nos dieron en la cara, los mimes que tragamos, los rezos de mi amiga la fotógrafa y demás vivencias que en el camino omitimos para no asustarnos una a las otras. 

También aprendí:
  1. Que el trabajo en equipo aplica en todas las situaciones: trabajo, aventuras y amistades, por ejemplo.
  2. Que soy capaz de mucho más de lo que, en ocasiones, creo.
  3. Que cuando me enfrento a los miedos, los supero.
  4. Que con amigas como ellas, puedo ir al fin del mundo… y regresar viva.
Para ser un día “libre”, la verdad es que trabajé, aprendí y crecí como persona mucho más de lo que me imaginaba.  Por lo tanto, la aventura en los carritos enfangados no solo fue diversión,  fue una gran experiencia de descubrimiento personal.  Sin duda alguna, ¡recomiendo el fangorrific adventure!

Nota: Esta entrada es más larga porque sin los detalles, se hubiera perdido el mensaje. Espero que la hayan disfrutado.