domingo, 7 de diciembre de 2014

Haz el bien sin mirar a quién



Así lo dice el refrán: "haz el bien sin mirar a quién". Esta mañana fui al colmado a comprar los ingredientes que necesitaba para un budín de guayaba que quería hornear.

Cuando cogí tres libras de pan, un señor, muy amablemente, me dijo: "ese es un buen desayuno".

A lo que, sencillamente, contesté: "voy a hacer budín" y compartí una gran sonrisa.

El señor quedó fascinado y comenzó a contarme que su mamá hacía budín cuando él era jovencito y que él y su hermano se peleaban por los pedazos.

"Mi mamá lo hacía con pan viejo," me dijo. Pero, de la emoción, siguió hablando y no me permitió explicarle que el postre originalmente se hacía con pan viejo, pero que en mi casa, el pan nunca dura lo suficiente como para ponerse viejo, por lo tanto, hago el budín con pan fresco.

Cuando me despedí, él todavía estaba emocionado con la idea del budín. Me fui y seguí pensando en las historias que las recetas traen a la mente. Curiosamente, mi receta no la heredé de mi mamá. De hecho, no recuerdo que ella hiciera un budín jamás, aunque era tremenda cocinera, pero se le conocía por sus asopaos, bacalaítos y flanes.

Yo aprendí a hacer el budín por mi propia curiosidad, porque me gustaba el sabor de la masa, pero no el de las pasas. Por lo tanto, comencé a inventar hasta que diseñé una receta de budín de coco y nueces. Con el tiempo, he creado recetas para budín de canela, pistachos, almendras, calabaza, guayaba, arándanos y chocolate.

Esta mañana le hice el día a ese señor. Y ese señor me hizo el día. No sé quién es ni si lo volveré a ver, pero hoy nos cruzamos y, mutuamente, hicimos el bien sin mirar a quién.

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